El precio del oro volvió a cerrar a la baja en el mercado de futuros de Nueva York y se mantuvo cerca del nivel de los US$4.000 por onza, en medio de las presiones del dólar, el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y las preocupaciones por la inflación. El miércoles 28 de octubre, el contrato más activo del metal precioso en el Commodity Exchange (Comex) retrocedió 0,6%, hasta los US$4.051,60 por onza.
La cotización registró sus niveles más bajos desde el 20 de julio, en una jornada marcada por la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) de mantener su tasa de interés de referencia en un rango de entre 3,75% y 4,00%. Aunque el banco central mejoró su evaluación de la economía, reconoció que la inflación continúa elevada y dejó abierta la posibilidad de ajustar su política monetaria en función de los próximos indicadores económicos.
El comportamiento del oro refleja la cautela de los inversionistas ante las perspectivas de las tasas de interés. Cuando los rendimientos de los activos financieros aumentan, el metal precioso pierde atractivo relativo, debido a que no genera intereses, mientras que el fortalecimiento del dólar también puede encarecer su adquisición para compradores que operan con otras monedas.
El petróleo y la inflación condicionan las expectativas
El repunte de los precios del petróleo renovó las preocupaciones sobre las presiones inflacionarias en Estados Unidos. Un encarecimiento sostenido de la energía puede trasladarse a otros bienes y servicios, dificultando la reducción de la inflación y aumentando la posibilidad de que las tasas de interés permanezcan elevadas durante más tiempo.
De acuerdo con la herramienta FedWatch de CME, los operadores estimaban una probabilidad del 86% de que la Fed elevara las tasas en diciembre, frente al 88% registrado antes del anuncio. Estas cifras reflejan las expectativas del mercado en ese momento y no constituyen una decisión confirmada del banco central.
La evolución de los datos de inflación y empleo, así como los movimientos del petróleo y del dólar, serán determinantes para las próximas expectativas de política monetaria. En este escenario, el oro continúa expuesto a las variaciones en los rendimientos de los bonos y a los cambios en la percepción del riesgo financiero.
El metal acumula una caída de 15% desde agosto
La presión sobre la cotización se ha intensificado durante las últimas ocho semanas. El 24 de agosto, el oro superó los US$4.700 por onza por primera vez desde mayo; desde ese nivel, el precio ha retrocedido aproximadamente 15%.
La caída también se observa al comparar la cotización con los máximos registrados durante el año. Desde los US$5.230 por onza anotados al inicio del conflicto en Medio Oriente, a finales de febrero, el metal acumula un descenso cercano al 23%.
En lo que va de 2026, el oro registra una pérdida aproximada del 7,5%. Sin embargo, todavía mantiene una ganancia interanual del 2,5%, un desempeño muy inferior al avance de hasta 40% que había alcanzado durante los dos primeros meses del año.
Estas cifras muestran un cambio significativo en la trayectoria del metal, que pasó de registrar fuertes avances a enfrentar una corrección vinculada con las expectativas de inflación, las tasas de interés y la fortaleza del dólar.
Incertidumbre sobre la trayectoria del precio
La evolución del oro dependerá de la interacción entre la política monetaria estadounidense, los mercados de energía y la demanda de activos considerados refugio. Si persisten los rendimientos elevados de los bonos y la fortaleza del dólar, podrían mantenerse las presiones sobre su cotización. En cambio, un cambio en las expectativas de tasas o un aumento de la demanda de protección financiera podría modificar esa tendencia.
Para la industria minera, los movimientos del precio internacional del oro son relevantes porque inciden en los ingresos potenciales de las operaciones productoras y en la evaluación económica de los proyectos en desarrollo. No obstante, el efecto sobre cada compañía dependerá también de sus costos de extracción, leyes minerales, recuperación metalúrgica y condiciones de venta.
Por ahora, el cierre de US$4.051,60 por onza mantiene al metal cerca del umbral psicológico de los US$4.000, una referencia que el mercado seguirá observando en medio de la incertidumbre económica y monetaria internacional.


