Chile enfrenta el desafío de transformar su disponibilidad de energías limpias en una ventaja competitiva para su economía. Para lograrlo, el país deberá acelerar las inversiones en infraestructura energética, modernizar sus redes y avanzar hacia una mayor electrificación durante las próximas décadas.
Esta es una de las principales conclusiones del informe “Hacia la autonomía y certidumbre energética Chile 2035”, elaborado por el Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI) y presentado durante el seminario “Energía 2030: del Diagnóstico a la Acción”, organizado junto con el Ministerio de Energía.
El estudio advierte que el desafío para Chile ya no consiste únicamente en incrementar la generación de energías renovables. También será necesario desarrollar la infraestructura capaz de transportar, distribuir y aprovechar de manera eficiente esa energía en los hogares y sectores productivos.
Demanda eléctrica crecerá en las próximas décadas
De acuerdo con las proyecciones del CPI, la demanda eléctrica de Chile superará los 100.000 GWh hacia 2035 y podría alcanzar entre 140.000 y 180.000 GWh en 2050.
Para responder a este crecimiento, el país requerirá inversiones cercanas a US$300.000 millones durante los próximos 25 años, destinadas principalmente a infraestructura energética y al fortalecimiento de las redes necesarias para acompañar el proceso de electrificación.
El informe plantea que la expansión de las redes de transmisión y distribución eléctrica será fundamental para integrar la creciente generación renovable y garantizar que la energía llegue de manera eficiente a los puntos de consumo.
Redes e infraestructura serán claves
El CPI sostiene que Chile deberá avanzar simultáneamente en distintos frentes. Entre ellos se encuentra la ampliación de la transmisión eléctrica, la modernización de las redes de distribución y el desarrollo de infraestructura asociada al gas natural para aquellos consumos que todavía no pueden ser electrificados.
El objetivo es generar un sistema energético con mayor capacidad de respuesta frente al aumento de la demanda y que permita aprovechar el potencial de las fuentes renovables disponibles en el país.
En este escenario, la infraestructura energética adquiere un papel estratégico para acompañar la incorporación de nuevas tecnologías, la electrificación de sectores productivos y el crecimiento de la demanda asociada a actividades industriales.
Chile busca convertir las energías limpias en una ventaja competitiva
El documento también plantea que la transición energética representa una oportunidad para fortalecer la competitividad de Chile. Sin embargo, para aprovecharla será necesario reducir las barreras que actualmente dificultan el desarrollo de nuevas inversiones y acelerar los procesos vinculados con la infraestructura energética.
La expansión de las redes y la disponibilidad de energía confiable serán determinantes para que sectores productivos puedan avanzar en sus procesos de electrificación y reducir progresivamente su dependencia de combustibles fósiles.
Con una demanda eléctrica que seguirá aumentando durante las próximas décadas y requerimientos de inversión estimados en US$300 mil millones, Chile enfrenta uno de sus mayores desafíos de infraestructura energética. La capacidad de concretar estas inversiones será clave para sostener su transición energética y convertir la generación limpia en un factor de crecimiento económico.


