Los recientes aluviones registrados en la comuna de Las Condes, en Chile, han puesto en evidencia la necesidad de revisar la planificación urbana y la capacidad de respuesta de la infraestructura frente a eventos naturales extremos. El geólogo especialista en riesgos naturales de AFRY Chile, Carlos Andrade, advierte que los daños provocados por estos fenómenos no dependen únicamente de la intensidad de las lluvias, sino también de las características del territorio, los cambios en las cuencas y las condiciones de las obras construidas en zonas expuestas.
Las calles cubiertas de barro y sedimentos, los vehículos arrastrados y los daños en viviendas, clínicas, universidades y otras instalaciones muestran cómo los procesos naturales pueden afectar sectores urbanizados. Para el especialista, comprender la dinámica geológica de las cuencas resulta fundamental para identificar las áreas vulnerables y diseñar medidas de prevención que reduzcan la exposición de las personas y de la infraestructura pública y privada.
La urbanización no elimina las rutas naturales de los aluviones
Uno de los aspectos destacados por Andrade es la importancia de considerar la historia geológica del territorio al planificar el crecimiento de las ciudades. El análisis de fotografías aéreas de 1955 permitió identificar que el trazado actual de la calle Quebrada Honda coincide con una antigua vía aluvial vinculada a las cuencas Quebrada Grande y El Romeral.
Estos corredores se han formado por procesos naturales que modelan el relieve durante miles de años. Aunque la urbanización pueda cubrirlos, modificarlos o incorporar nuevas construcciones sobre ellos, no necesariamente elimina su función como rutas potenciales para el escurrimiento de agua y el transporte de sedimentos.
Por ello, el desarrollo urbano requiere integrar estudios geológicos e hidrológicos en la planificación de nuevas construcciones y en la evaluación de infraestructura existente. Ignorar estas características puede incrementar la exposición de viviendas, vías, equipamientos de salud y otros servicios esenciales ante futuros episodios de lluvias intensas.
Incendios y pérdida de vegetación aumentan la vulnerabilidad
Las condiciones de las cuencas también pueden cambiar como consecuencia de otros fenómenos, entre ellos los incendios forestales. Según un informe de febrero de 2026 del Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (Sernageomin), el incendio ocurrido en enero en la quebrada Honda provocó una pérdida significativa de cobertura vegetal.
Esta condición favorece la erosión del suelo, reduce la infiltración del agua de lluvia y aumenta el escurrimiento superficial. Cuando se presentan precipitaciones intensas, el agua puede movilizar mayores cantidades de sedimentos y desencadenar flujos de detritos que avanzan hacia zonas urbanizadas.
El caso demuestra que la evaluación del riesgo no debe limitarse a las condiciones meteorológicas. También es necesario considerar el estado de la vegetación, la estabilidad de las laderas y las transformaciones que experimentan las cuencas, factores que pueden modificar la respuesta del terreno frente a las precipitaciones.
Drenajes y colectores deben considerar sedimentos y rocas
La capacidad de respuesta de la infraestructura constituye otro factor determinante. Andrade plantea la necesidad de revisar los sistemas de drenaje y los colectores urbanos para comprobar si sus criterios de diseño contemplan no solo el caudal de agua, sino también el transporte de sedimentos, ramas y rocas.
Los sistemas concebidos principalmente para evacuar agua pueden enfrentar limitaciones cuando reciben flujos cargados de materiales sólidos. Por ello, la evaluación técnica debe considerar escenarios de mayor exigencia, identificar posibles puntos de obstrucción y determinar si las instalaciones existentes ofrecen condiciones adecuadas para enfrentar eventos extremos.
Además, el especialista destaca la importancia de actualizar los criterios de diseño frente a los escenarios futuros asociados al cambio climático. La combinación de conocimientos de ingeniería, geología e hidrología permitiría mejorar la evaluación de amenazas y orientar inversiones hacia obras y soluciones de mitigación adaptadas a las condiciones particulares de cada territorio.
Las Condes identifica ocho quebradas con riesgo aluvional
El Plan Comunal de Reducción del Riesgo de Desastres de Las Condes identifica ocho quebradas susceptibles a fenómenos aluvionales. El desafío, según el análisis, consiste en convertir ese diagnóstico en acciones concretas de prevención, mediante la evaluación de las amenazas, la revisión de la infraestructura y la planificación de medidas para proteger a la población.
Esto implica evitar que las intervenciones se concentren únicamente en los sectores donde ya se han registrado emergencias. Las áreas que todavía no han sufrido daños también requieren evaluaciones preventivas, especialmente cuando presentan características geológicas y topográficas similares.
La necesidad de anticiparse al riesgo se extiende a otras comunas chilenas expuestas a aluviones, inundaciones y movimientos en masa. La planificación territorial, la identificación de rutas naturales de escurrimiento y el mantenimiento de la infraestructura deben formar parte de una estrategia permanente de gestión del riesgo.
Prevención y resiliencia como ejes del desarrollo urbano
El análisis plantea que las ciudades deben incorporar el conocimiento de su territorio en las decisiones de construcción y expansión urbana. La prevención exige reconocer las amenazas naturales, evaluar las condiciones de las cuencas y comprobar que las obras existentes puedan responder a escenarios de mayor exigencia.
Para el sector construcción e infraestructura, este enfoque supone fortalecer la coordinación entre especialistas en riesgos geológicos, ingenieros, urbanistas y autoridades. También requiere que los estudios técnicos se traduzcan en inversiones, medidas de mitigación y criterios de diseño adecuados a las condiciones actuales y futuras.
La experiencia de Las Condes refuerza una conclusión central: la urbanización no elimina los procesos naturales que modelan el territorio. Anticipar sus efectos y adaptar la infraestructura constituye una condición fundamental para construir ciudades más seguras y resilientes frente a eventos extremos.



