Los contratistas y proveedores mineros enfrentan cinco riesgos críticos que podrían afectar su continuidad operacional y solvencia financiera hacia 2030, en un escenario marcado por mayor volatilidad de costos, eventos climáticos extremos, ciberataques y otras interrupciones, según un análisis de Marsh Chile.
El análisis, alineado con las alertas del Global Risks Report 2026, advierte que la creciente tercerización de la actividad minera hace que la continuidad de las operaciones dependa cada vez más de la capacidad de los contratistas para gestionar riesgos tanto operacionales como financieros.
El primer riesgo corresponde a la sobrecarga operacional y los desvíos de costos derivados de las condiciones de las faenas. Factores geológicos y climáticos extremos pueden incrementar el desgaste de los equipos y el consumo de insumos, generando costos adicionales que no necesariamente están contemplados en los contratos originales.
Marsh también identifica los daños a terceros y el aumento de reclamos como un segundo riesgo relevante. Accidentes de seguridad o daños a infraestructura pueden provocar paralizaciones, investigaciones y procesos legales, por lo que la empresa recomienda reforzar los controles críticos y mantener actualizada la documentación operacional.
El tercer riesgo está relacionado con incendios y daños en activos operativos, especialmente en talleres, bodegas, herramientas y existencias. Una falla eléctrica o un trabajo en caliente puede generar pérdidas materiales y, al mismo tiempo, detener las operaciones durante semanas, afectando directamente el flujo de caja.
A estos factores se suman los siniestros de vehículos y equipos móviles, considerados por Marsh como una de las principales causas de interrupción operacional en la industria. Un accidente puede provocar simultáneamente daños propios, perjuicios a terceros y pérdida de capacidad productiva. Por ello, resulta clave contar con equipos de reemplazo o alternativas de arriendo que permitan recuperar la operación rápidamente.
Finalmente, el análisis pone el foco en el riesgo cibernético y la continuidad administrativa. Ataques como ransomware, fraude digital o suplantación de identidad pueden afectar la facturación, el flujo de caja y la coordinación con los mandantes. Entre las medidas recomendadas se encuentran la autenticación multifactor y la doble validación para transferencias y modificaciones de cuentas.
Para Marsh, la gestión de estos riesgos será determinante para que los contratistas puedan mantener sus niveles de servicio y responder a interrupciones sin comprometer su estabilidad financiera.
El escenario hacia 2030 plantea así un desafío adicional para el ecosistema minero: la competitividad de los contratistas dependerá no solo de su eficiencia técnica, sino también de su capacidad para anticipar riesgos, proteger sus activos y mantener la continuidad de sus operaciones.



