El terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto en Colombia fue percibido con fuerza en amplias zonas del país, incluyendo ciudades que se encontraban a cientos de kilómetros del epicentro. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) explicó que la intensidad con la que fue sentido el movimiento estuvo relacionada con las características geológicas del territorio y con la profundidad del evento.
El epicentro se ubicó en inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y el sismo tuvo una profundidad cercana a los 96 kilómetros. Esta combinación permitió que las ondas sísmicas se propagaran por una amplia zona y fueran percibidas en diferentes departamentos.
Colombia, un territorio sísmicamente activo
El SGC recordó que Colombia es un país con una alta actividad sísmica debido a su ubicación en una zona donde interactúan diferentes placas tectónicas.
La convergencia de las placas Nazca, Suramericana y Caribe genera acumulación y liberación de energía en el subsuelo, dando lugar a terremotos de diferentes magnitudes.
Aunque la mayoría de los movimientos sísmicos que ocurren en Colombia son de baja magnitud y no son percibidos por la población, periódicamente se presentan eventos capaces de generar movimientos fuertes y afectar grandes áreas.
El terremoto del 10 de agosto corresponde a este tipo de eventos y permitió evidenciar nuevamente la exposición de diferentes regiones colombianas al riesgo sísmico.
La profundidad influyó en la percepción del movimiento
Uno de los factores que ayudó a explicar la amplia percepción del terremoto fue su profundidad intermedia.
Cuando un sismo se origina a cierta profundidad, las ondas sísmicas pueden propagarse a través de grandes extensiones del territorio antes de alcanzar la superficie. Esto puede hacer que el movimiento sea percibido en ciudades alejadas del epicentro.
En este caso, el evento fue sentido en diferentes puntos del país, incluyendo Cali, Pereira, Manizales, Armenia y Bogotá, entre otras ciudades.
La distancia respecto al epicentro no significa necesariamente que una población no vaya a experimentar un movimiento considerable. Las características del suelo y la forma en que las ondas se propagan también determinan la intensidad que finalmente perciben las personas y las estructuras.
El tipo de suelo también puede amplificar el movimiento
Otro factor determinante es la composición del terreno.
Las ondas sísmicas pueden experimentar modificaciones al atravesar diferentes tipos de suelo. Los terrenos blandos o compuestos por determinados depósitos de sedimentos pueden amplificar el movimiento, haciendo que la sacudida sea más prolongada o intensa en superficie.
Esta condición es especialmente importante para las ciudades construidas sobre depósitos aluviales, rellenos o terrenos con características geotécnicas particulares.
Por esta razón, la evaluación del riesgo sísmico no depende únicamente de conocer la magnitud de un terremoto. Los estudios de suelo, la microzonificación sísmica y las características de cada construcción son fundamentales para determinar el nivel de vulnerabilidad de una zona urbana.
Magnitud e intensidad no significan lo mismo
El SGC también diferencia entre magnitud e intensidad, dos conceptos que suelen confundirse durante una emergencia sísmica.
La magnitud corresponde a la energía liberada en el lugar donde se origina el terremoto y es un valor único para el evento.
La intensidad, en cambio, describe cómo se sintió el movimiento y qué efectos produjo en un lugar determinado. Por ello, un mismo terremoto puede presentar diferentes niveles de intensidad dependiendo de la distancia al epicentro, el tipo de suelo, las condiciones geológicas y las características de las edificaciones.
Esto explica por qué algunas ciudades pueden experimentar fuertes movimientos mientras otras, relativamente cercanas, presentan afectaciones menores.
El impacto sobre las edificaciones
La percepción del terremoto también puso nuevamente bajo análisis la capacidad de las construcciones para resistir movimientos sísmicos.
El comportamiento de una edificación depende de múltiples variables, entre ellas el sistema estructural, los materiales empleados, la calidad de la construcción, el mantenimiento, las características del suelo y el cumplimiento de las normas sismorresistentes.
Las construcciones diseñadas bajo criterios de ingeniería estructural buscan principalmente evitar el colapso y proteger la vida de sus ocupantes, aunque pueden sufrir daños durante un terremoto de gran magnitud.
En contraste, las edificaciones informales, aquellas construidas sin estudios adecuados o las estructuras que han sido modificadas sin evaluación técnica pueden presentar una mayor vulnerabilidad.
Un llamado a fortalecer la prevención
El terremoto vuelve a demostrar que Colombia debe mantener una estrategia permanente de prevención y preparación frente al riesgo sísmico.
Para el sector construcción, esto implica fortalecer los estudios geotécnicos, el diseño estructural, la supervisión de obra y el cumplimiento de las normas sismorresistentes.
También resulta fundamental desarrollar ciudades con información detallada sobre las características del suelo y actualizar los sistemas de evaluación de riesgo para identificar las zonas que podrían experimentar mayores niveles de afectación.
El terremoto de magnitud 7,4 demuestra que la amenaza sísmica no puede evaluarse únicamente por la cercanía al epicentro. La profundidad del evento, la propagación de las ondas, las condiciones del suelo y la calidad de las edificaciones son elementos que, combinados, determinan cómo un terremoto termina afectando a una población.
Para Colombia, el desafío no solo consiste en responder adecuadamente después de un terremoto, sino en fortalecer desde ahora la infraestructura y la planificación urbana para reducir los impactos de futuros eventos.


