Se acerca el Día Mundial sin Automóvil (22 de septiembre), y el tren es una buena alternativa para desincentivar su uso ¿Qué obstáculos enfrenta Chile al respecto?
Santiago, septiembre de 2026.- El proyecto del tren Santiago–Valparaíso representa una de las iniciativas más relevantes en materia de transporte para Chile en las próximas décadas. Con una extensión de 173 kilómetros en su primera etapa, un tiempo estimado de viaje de 90 minutos y la capacidad de beneficiar directamente a 6,6 millones de personas, esta obra se proyecta como un cambio de modelo en la movilidad nacional.
Respecto de este proyecto, cuya licitación está prevista para 2026 y su entrada en operación se estima para 2030, desde la industria de ingeniería destacan algunos desafíos que enfrenta Chile en el contexto de infraestructura ferroviaria, y que van más allá del financiamiento.
Aldo de Castro, Ingeniero Civil en Obras Civiles y Administrador de Contratos de GHD en Chile, con experiencia en proyectos viales y ferroviarios explica que, “la verdadera complejidad radica en las características territoriales y estructurales que condicionan la viabilidad de un sistema ferroviario moderno y eficiente. El tren Santiago–Valparaíso es un reflejo de las oportunidades y, al mismo tiempo, de las limitaciones que impone la geografía nacional”.
Chile presenta una geografía única y exigente: La Cordillera de la Costa y otros accidentes geográficos obligan a considerar soluciones de ingeniería avanzadas, como túneles, puentes y viaductos, para garantizar la continuidad del trazado.
“A ello se suma la variabilidad de los suelos y el riesgo sísmico permanente, que demandan diseños resilientes y adaptados a condiciones geotécnicas complejas”, advierte el ejecutivo de GHD.
El uso del suelo constituye otro obstáculo relevante. Las zonas críticas de alta ocupación urbana requieren una integración cuidadosa con la infraestructura existente, evitando conflictos con sistemas viales, logísticos y urbanos. La interacción con puertos, carreteras y áreas metropolitanas convierte al proyecto en un ejercicio de planificación territorial integral.
“Además, la discontinuidad histórica del sistema ferroviario chileno añade un nivel adicional de dificultad. La pérdida de redes y la necesidad de reconstrucción parcial implican que el país debe avanzar no sólo en un proyecto aislado, sino en la recuperación de una visión ferroviaria nacional que permita articular distintas regiones bajo un modelo de conectividad total”, explica el ejecutivo de GHD.
Más que un proyecto: un cambio de modelo
El tren Santiago–Valparaíso no es únicamente una obra de transporte. Es la oportunidad de transformar la manera en que Chile concibe la movilidad y la integración territorial. La iniciativa plantea un cambio de paradigma hacia un sistema ferroviario moderno, eficiente y sostenible, capaz de responder a las demandas de conectividad de un país que busca reducir brechas y potenciar su desarrollo.
“El desarrollo ferroviario en Chile requiere más que inversión: necesita soluciones adaptadas a su geografía única, combinando innovación tecnológica, planificación territorial y eficiencia operativa”, finaliza Aldo de Castro.



