Macrorregión Sur recibió más de S/68 mil millones en transferencias mineras durante los últimos 20 años

La macrorregión Sur del Perú recibió más de S/68 mil millones por concepto de canon y regalías mineras durante los últimos 20 años, monto equivalente al 52 % del total nacional, de acuerdo con un análisis del Instituto Peruano de Economía (IPE). El estudio destaca el papel de la minería como uno de los principales motores del crecimiento económico y de la transformación productiva de esta zona del país.

El dinamismo minero estuvo acompañado por un fuerte incremento de la producción de cobre. Durante las últimas dos décadas, la producción cuprífera del Sur se triplicó y llegó a concentrar aproximadamente el 64 % de la producción nacional, consolidando a regiones como Arequipa, Moquegua, Tacna y Apurímac como importantes polos de actividad minera.

El crecimiento de la actividad extractiva también tuvo efectos sobre la economía regional. Según el IPE, la economía de la macrorregión Sur se multiplicó por diez durante los últimos 70 años, mientras que Moquegua registró un crecimiento promedio anual de 4,5 % y Arequipa de 3,8 %, por encima del promedio de 3,4 % registrado en el conjunto de la macrorregión.

Minería y reducción de la pobreza

El estudio señala que la expansión minera estuvo acompañada por una importante reducción de la pobreza. Desde 2004, cerca de 2 millones de personas dejaron esta condición en el Sur del país, mientras que regiones con una fuerte presencia minera registraron avances relevantes en distintos indicadores sociales.

En Apurímac, por ejemplo, donde el desarrollo minero es relativamente reciente, la pobreza se redujo en 17 puntos porcentuales desde el inicio de las operaciones mineras en 2016. Asimismo, Moquegua, Tacna y Arequipa presentan algunas de las menores tasas de desnutrición crónica infantil del país.

Estos resultados reflejan el impacto que pueden generar las inversiones mineras sobre las economías regionales mediante la generación de empleo, contratación de proveedores, desarrollo de infraestructura y transferencia de recursos hacia los gobiernos subnacionales.

El aporte de Southern Perú

El análisis presentado por el IPE también examina el impacto de Southern Perú Copper Corporation (SPCC) en Moquegua y Tacna. La compañía opera en el país desde 1960, cuando inició actividades en Toquepala, y amplió posteriormente su presencia con la operación de Cuajone, en Moquegua.

En Moquegua, la importancia de la minería dentro de la estructura económica regional aumentó considerablemente. Antes de 1976 representaba menos del 1 % del Valor Agregado Bruto (VAB) regional; en 2019 alcanzó el 24 % y, posteriormente, con el inicio de operaciones de Quellaveco en 2024, la participación minera llegó al 42,8 %.

Entre 2004 y 2024, SPCC transfirió al Estado peruano aproximadamente S/49.440 millones en términos reales, monto equivalente al 57,4 % del presupuesto agregado de los gobiernos subnacionales de Moquegua y Tacna durante ese período.

El IPE estima además que, si se mantiene durante la próxima década el ritmo de transferencias observado en los últimos cinco años, SPCC podría aportar otros S/18.000 millones al Estado peruano en los próximos diez años.

El desafío de convertir recursos en infraestructura

A pesar del volumen de recursos transferidos, el estudio advierte que persisten importantes desafíos relacionados con la gestión y ejecución eficiente del gasto público. La capacidad de los gobiernos subnacionales para transformar el canon y las regalías en infraestructura y servicios de calidad continúa siendo determinante para que los beneficios de la actividad minera tengan un impacto sostenible.

El IPE identifica una alta heterogeneidad en la eficiencia del gasto de inversión entre las municipalidades que reciben mayores transferencias mineras. Esta situación explica por qué, pese a las mejoras registradas en determinados servicios públicos, todavía existen importantes brechas en infraestructura y atención de necesidades básicas.

Entre los ejemplos señalados se encuentra la infraestructura educativa: más de la mitad de los locales educativos públicos de Apurímac, Cusco y Puno requiere sustitución. En Apurímac, aunque más del 96 % de la población tiene acceso al agua, solo el 10,7 % dispone de agua adecuadamente clorada, evidenciando que el acceso a recursos no garantiza por sí mismo la calidad de los servicios.

Para el sector de construcción e infraestructura, este escenario representa una oportunidad para fortalecer la ejecución de carreteras, colegios, hospitales, sistemas de agua y saneamiento, infraestructura productiva y equipamiento urbano en las regiones mineras. La adecuada planificación y ejecución de estos recursos será fundamental para cerrar las brechas existentes.

El caso de la macrorregión Sur también muestra la importancia de articular la actividad minera con el desarrollo territorial. La generación de ingresos fiscales puede convertirse en una herramienta para financiar infraestructura y mejorar las condiciones de vida, siempre que existan capacidades institucionales suficientes para convertir esos recursos en proyectos eficientes.

La expansión de la producción de cobre y la continuidad de nuevas inversiones mantienen además perspectivas favorables para la economía regional. El desafío será lograr que el crecimiento de la minería se traduzca en mayor productividad, infraestructura de calidad, empleo y mejores servicios públicos.

Con más de S/68 mil millones transferidos en dos décadas, una participación cercana al 64 % de la producción nacional de cobre y una significativa reducción de la pobreza, la experiencia del Sur confirma el peso de la minería en el desarrollo económico peruano. Sin embargo, el siguiente reto será mejorar la capacidad de gestión pública para que los recursos generados por esta actividad se conviertan en infraestructura y servicios que permitan sostener el desarrollo regional en el largo plazo.

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