Nuevo León y Tamaulipas apuestan por una estrategia conjunta para ganar el nearshoring

Durante años, los gobiernos estatales en México han competido de manera natural por atraer inversión extranjera directa a sus propios territorios. Sin embargo, la velocidad y las exigencias del nearshoring dejan atrás este viejo paradigma en el noreste del país, donde la consigna ha cambiado drásticamente: para ganar a nivel global, primero hay que integrarse a nivel regional.

Dentro de Global Transportation and Innovation Summit, Anabell Flores, subsecretaria de Inversión del Gobierno de Tamaulipas, y Manuel Montoya, director general del Clúster Automotriz de Nuevo León (CLAUT), coincidieron en que el éxito económico de la zona ya no depende de esfuerzos aislados, sino de la creación de un verdadero bloque industrial y logístico sin fronteras internas.

 

De la competencia a la complementariedad industrial con la Visión Noreste

Para la funcionaria tamaulipeca, la estrategia central debe apostar por una polinización cruzada de proveedores, para incentivar a que las empresas de Nuevo León se expandan hacia Tamaulipas y viceversa. Como muestra de esta nueva visión, destacó que Tamaulipas ha implementado la estrategia de Polos de Bienestar, además de impulsar la creación de organismos clave bajo el modelo de la Triple Hélice, como el Clúster Automotriz de Tamaulipas y el Clúster Eléctrico-Electrónico.

«Nosotros como Gobierno del Estado tenemos tres zonas estratégicas, que son las del Puerto de Matamoros, el Puerto Interior y el Puerto de Altamira. Como potencial o proyecto federal tenemos el Puerto de Altamira. Ahí es donde tenemos una extensión de más de 900 hectáreas que fueron designadas por la Secretaría de Economía federal como Polo del Bienestar con incentivos y apoyos especiales para que la inversión pueda llegar ahí a esas zonas”, explicó.

Por su parte, Manuel Montoya puso sobre la mesa un reto crítico para las armadoras y proveedores Tier 1 de la región: la urgente necesidad de desarrollar proveedores locales en procesos de nicho, como la fundición de aluminio y las inyecciones de plástico de gran tonelaje, advirtiendo que de poco sirve atraer grandes plantas si los insumos clave se siguen trayendo de otros continentes.

«El nearshoring no va a suceder si no desarrollamos proveedores locales. Traer una planta coreana o una planta china que compre todo en Asia o que traiga a sus propios proveedores de allá, genera economía, pero no genera crecimiento. Necesitamos que las Pymes locales se integren a estas cadenas globales de valor», aseguró.

Infraestructura fronteriza y semiconductores, los retos estratégicos del noreste

La infraestructura logística fue otro de los puntos álgidos del debate. Mientras que Nuevo Laredo se consolida como la aduana terrestre más importante, sus niveles de saturación exigen alternativas operativas. Es ahí donde el Puerto Colombia, en Nuevo León, surge como un desahogo estratégico de primer nivel; sin embargo, ambos ponentes advirtieron que el verdadero problema es común y se encuentra cruzando la línea divisoria: la falta de conectividad del lado estadounidense.

«El Puerto de Colombia es una opción extraordinaria, tiene una infraestructura de primer nivel del lado mexicano, pero del lado de Texas no hay carreteras. Llegas a Colombia, cruzas y te topas con que no hay una conectividad directa hacia la I-35 o las autopistas principales. Hay un gap de infraestructura del lado americano que se tiene que resolver con las autoridades de Texas», mencionó Montoya.

Ante esta realidad, la conclusión de los expertos fue contundente: en lugar de competir entre estados por el flujo de camiones, Nuevo León y Tamaulipas deben presentarse como un solo bloque regional ante el Departamento de Transporte de Texas (TxDOT) y las autoridades de Estados Unidos para exigir el desarrollo coordinado de la infraestructura binacional.

El automóvil del futuro es cada vez más software y componentes electrónicos, un terreno donde el noreste arrastra un rezago frente a su histórica potencia metalmecánica. Montoya señaló el caso de Reynosa, un titán en la manufactura de televisores que, paradójicamente, sigue importando la gran mayoría de sus componentes electrónicos de Asia, particularmente de China, por lo que urgió a generar una sinergia real entre la industria electrónica y la automotriz.

Ante esto, Flores reveló que Tamaulipas ya trabaja en una estrategia de sustitución de importaciones y fortalecimiento de semiconductores; con apoyo de Canieti, el estado ha identificado a 54 empresas locales con potencial para integrarse a la cadena de valor de los microchips, además de diseñar certificaciones técnicas con instituciones como la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) y alianzas con la Arizona State University.

«Tenemos una industria eléctrico-electrónica muy desarrollada con empresas como Stanley Black & Decker que preside nuestro Clúster Eléctrico-Electrónico, que se creó en diciembre del año pasado y es el primer clúster eléctrico-electrónico de México. El vicepresidente, por ejemplo, es LG. LG produce todas las televisiones que se venden en el continente americano de la marca LG y son producidas en nuestra planta de Reynosa», explicó Flores.

Esta reconversión tecnológica ya se refleja en números. Grandes firmas globales como IntevaMidenSuprajit y Valeo lideran expansiones millonarias en Tamaulipas que superan los 400 millones de dólares en inversión automotriz, y generan más de 9 mil empleos creados con estos proyectos en Matamoros, Reynosa y Río Bravo.

 

Clústeres industriales buscan una visión de largo plazo

Finalmente, la charla abordó cómo blindar estos esfuerzos para que no se disuelvan al término de las actuales administraciones políticas. Ambos especialistas coincidieron en la necesidad de dotar a los clústeres de una gobernanza institucional sólida, transitando de los subsidios gubernamentales iniciales a modelos autosustentables basados en reglas claras y cuotas de membresía empresarial para garantizar una visión transexenal.

«Un clúster no puede depender del gobierno en turno. El gobierno debe ser un facilitador y apoyar al inicio, pero el clúster tiene que ser de las empresas. Debe tener una estructura de gobernanza institucional, con comités de trabajo profesionales y un modelo de financiamiento propio basado en membresías. Solo así se garantiza que los proyectos continúen cuando cambien las administraciones», aseguró Montoya.

Ante las estrictas exigencias de descarbonización que las armadoras globales imponen a sus cadenas de suministro, los clústeres se perfilan como el puente indispensable para que las Pymes locales estructuren proyectos sustentables y accedan a financiamientos internacionales y créditos verdes.

«A final de cuentas son las inversiones privadas las que también nos dan esa confianza y esa certidumbre de que están encontrando en la región lo que necesitan para seguir creciendo. Entonces, estos proyectos crecen cuando existen las posibilidades y lo están viendo que sí existen», concluyó Flores.

El noreste de México tiene la oportunidad histórica de consolidarse como la capital del nearshoring en América del Norte, pero el éxito ya no se mide en qué estado gana una planta de manera individual, sino en qué tan rápido aprende la región a jugar como un solo equipo.

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