Perú y Chile concentran el reto de transformar su producción de cobre

Perú y Chile producen conjuntamente alrededor de 8 millones de toneladas métricas de cobre al año, pero solo cerca del 20% corresponde a cobre refinado, mientras que el 80% restante se comercializa como concentrado. Una parte importante de estos concentrados tiene como destino China, donde son procesados para obtener cobre refinado y otros productos de mayor valor agregado.

La situación fue expuesta por Juan Carlos Ortiz, presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), durante el último Jueves Minero, donde analizó los desafíos que enfrentan los países productores de minerales críticos en un escenario marcado por la transición energética, la sostenibilidad y el crecimiento de la infraestructura digital.

Ortiz señaló que esta estructura de la cadena evidencia una elevada concentración de la capacidad de transformación de minerales. China ha desarrollado una importante infraestructura de refinación para cobre, zinc, plomo y tierras raras, mientras que otras economías han reducido o postergado inversiones destinadas a ampliar sus capacidades de procesamiento.

Para el especialista, una elevada dependencia de un solo mercado para la transformación de los concentrados puede limitar la capacidad de negociación de los países productores frente a cambios en las condiciones internacionales. En ese sentido, planteó la necesidad de diversificar los destinos y fortalecer las capacidades de transformación en los propios países productores.

Refinación enfrenta mayores costos

Uno de los principales obstáculos para avanzar hacia una mayor capacidad de refinación está relacionado con la rentabilidad de estas instalaciones. Según explicó Ortiz, mientras los proyectos mineros pueden alcanzar retornos de entre 15% y 20%, e incluso superiores en determinados escenarios de precios, las refinerías de metales como cobre, zinc o aluminio pueden registrar retornos cercanos al 4% o 5%.

Esta diferencia de rentabilidad contribuye a que los inversionistas prioricen el desarrollo de nuevos yacimientos antes que la construcción o modernización de grandes instalaciones de refinación. A ello se suman los elevados requerimientos de capital, energía y agua, además de las exigencias ambientales asociadas a este tipo de infraestructura.

El presidente del IIMP estimó que, para transformar una proporción mucho mayor de los concentrados producidos por Perú y Chile, sería necesario desarrollar una capacidad equivalente a unas 15 o 20 grandes refinerías. Sin embargo, señaló que una expansión de esta magnitud enfrenta importantes desafíos económicos, ambientales y de infraestructura.

Tecnología como alternativa para aumentar el valor agregado

Ante estas limitaciones, Ortiz planteó que el desarrollo tecnológico podría abrir nuevas posibilidades para incrementar la transformación local del cobre sin depender exclusivamente de grandes refinerías tradicionales. Entre las alternativas mencionó procesos asociados con la hidrometalurgia y otras tecnologías actualmente en desarrollo.

El objetivo sería encontrar soluciones capaces de transformar los concentrados de cobre en productos refinados con menores requerimientos de inversión y costos operativos. Esto permitiría que los países productores puedan capturar una mayor parte del valor generado a lo largo de la cadena minera.

La relevancia de esta discusión también se observa en el comercio internacional del cobre. Datos del Servicio Geológico de Estados Unidos muestran que China fue el principal destino de las exportaciones de cobre de Chile en 2024, con aproximadamente 52% del total exportado por ese país. Además, durante 2026 Perú ha mantenido una participación importante como proveedor de concentrados para el mercado chino.

En este contexto, el desafío para Perú y Chile no se limita a mantener o incrementar su producción minera. El desarrollo de infraestructura de procesamiento y nuevas tecnologías de refinación aparece como un componente relevante para diversificar mercados, fortalecer las cadenas de suministro y aumentar el valor agregado generado en los países productores de uno de los minerales considerados estratégicos para la transición energética.

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