La industria química mexicana enfrenta una nueva etapa marcada por mayores exigencias ambientales y una importante oportunidad de inversión. Según estimaciones de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), el sector podría movilizar entre US$45.000 millones y US$55.000 millones, recursos que contribuirían a fortalecer la producción nacional y reducir el déficit comercial de la industria.
Esta oportunidad está vinculada a la implementación de un nuevo marco regulatorio ambiental. En menos de un año, México publicó la Ley General de Aguas, puso en vigor la Ley General de Economía Circular y avanzó en la regulación de los planes de manejo de residuos peligrosos mediante la NOM-160. Sin embargo, representantes de la industria advierten que todavía existe una brecha entre las nuevas exigencias y la infraestructura disponible para cumplirlas.
Durante la mesa de análisis “Agua, residuos y la reinvención de la industria química en México”, representantes de ANIQ, Henkel, Dow Química Mexicana y Veolia coincidieron en que el sector no busca reducir las exigencias regulatorias, sino contar con mayor claridad y certeza jurídica para planificar inversiones y cumplir adecuadamente con las nuevas disposiciones.
Regulación e infraestructura
La industria química representa aproximadamente el 2,2% del PIB mexicano y constituye el segundo sector industrial más relevante del país. Al mismo tiempo, mantiene un déficit comercial anual cercano a US$28.000 millones, situación que representa una oportunidad para ampliar las capacidades productivas nacionales y sustituir parte de las importaciones.
Uno de los principales retos se encuentra en la infraestructura para el tratamiento y valorización de residuos peligrosos. La exigencia de una mayor trazabilidad podría hacer más visible esta brecha y obligar a las empresas a acelerar inversiones en tecnología, medición y gestión ambiental.
En este contexto, la sostenibilidad comienza a ser considerada no solo como una obligación ambiental, sino también como un factor de eficiencia y competitividad. El uso adecuado del agua, la reducción de residuos y el control de emisiones pueden traducirse en menores costos operativos para las empresas.
Algunas compañías ya han comenzado a implementar medidas concretas. Henkel, por ejemplo, logró reducir en 2.200 metros cúbicos el consumo de agua en su planta de Adhesive Technologies en Toluca mediante un programa enfocado en condensados y purgas de calderas.
Economía circular y eficiencia hídrica
Dow México, por su parte, desarrolla una estrategia basada en cinco líneas: diseño para el reciclaje, reciclaje mecánico, reciclaje avanzado mediante pirólisis, utilización de polietileno de fuentes no fósiles y reducción de CO₂ a lo largo de la cadena de valor.
La industria también identifica oportunidades para desarrollar modelos de economía circular a escala regional. Un ejemplo citado durante el encuentro es el caso de Tarragona, España, donde autoridades, empresas y operadores ambientales establecieron un sistema para reutilizar agua previamente utilizada por la ciudad y abastecer con ella a un clúster petroquímico. El modelo permitió liberar 18.900 metros cúbicos diarios de agua dulce para la población.
Para México, replicar iniciativas de este tipo requerirá una mayor articulación entre autoridades, empresas y operadores especializados, así como esquemas que permitan distribuir los beneficios y costos de manera sostenible.
La industria química se encuentra así ante una oportunidad para transformar las nuevas exigencias ambientales en un motor de inversión, innovación y competitividad. El desafío será desarrollar la infraestructura necesaria, establecer reglas claras y ampliar las alianzas público-privadas para avanzar hacia una industria más eficiente y resiliente.


