Terremoto en Colombia deja lecciones para fortalecer la construcción sismorresistente

El terremoto de magnitud 7,4 Mw ocurrido el pasado 10 de agosto en San José del Palmar, Chocó, puso a prueba las edificaciones y la infraestructura de Colombia y dejó una nueva advertencia sobre la necesidad de fortalecer la prevención y la preparación del sector construcción frente a futuros eventos sísmicos. El balance con corte al 14 de agosto registra 79.108 viviendas averiadas, 13.077 destruidas y 121 edificios colapsados.

La emergencia también afectó infraestructura esencial para la población. Entre los daños reportados se encuentran 238 centros de salud, 2.486 centros educativos, 2.093 centros comunitarios, 254 vías, 87 acueductos, 50 puentes vehiculares, siete puentes peatonales y cinco aeropuertos. En total, 15 departamentos y 437 municipios resultaron afectados.

Uno de los principales aprendizajes está relacionado con que la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción. Factores como la profundidad del sismo, la distancia al epicentro, las características del movimiento del suelo y la forma en que cada edificación responde a las ondas sísmicas influyen directamente en los daños registrados.

La calidad del entorno construido constituye otro factor determinante. Colombia cuenta con una normativa sismorresistente desde 1984, cuyos requisitos fueron posteriormente actualizados hasta llegar al Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10. Sin embargo, persisten desafíos relacionados con edificaciones antiguas y construcciones informales que no necesariamente incorporan los mismos criterios de diseño y supervisión técnica.

El terremoto evidencia así la importancia de avanzar más allá del objetivo de evitar el colapso estructural. Para el sector construcción, el desafío consiste en desarrollar edificaciones capaces de resistir eventos sísmicos, reducir los daños y mantener su funcionalidad, especialmente cuando se trata de hospitales, colegios, sistemas de agua, aeropuertos, puentes y otras infraestructuras esenciales.

La reconstrucción de las zonas afectadas también representará una importante oportunidad para la industria de la construcción y la ingeniería. Será necesario desarrollar proyectos de rehabilitación, reforzamiento estructural, reconstrucción de viviendas y recuperación de infraestructura pública, junto con estudios de vulnerabilidad y nuevas soluciones de prevención.

En este escenario, las tecnologías de monitoreo estructural, análisis sísmico, materiales de mayor desempeño, sistemas de aislamiento y reforzamiento pueden adquirir mayor relevancia. La incorporación de estas herramientas permite mejorar la capacidad de las edificaciones para responder ante movimientos de gran intensidad y reducir las pérdidas económicas asociadas a futuros desastres.

La emergencia también pone de relieve la importancia de la planificación urbana. La gestión del riesgo sísmico debe incorporarse desde la selección del terreno y el diseño de los proyectos hasta la supervisión de las obras y el mantenimiento posterior. Una infraestructura resiliente requiere coordinación entre autoridades, diseñadores, constructores, ingenieros y comunidades.

Para las empresas del sector, esta situación puede acelerar la demanda de servicios especializados en ingeniería estructural, evaluación de vulnerabilidad, reforzamiento, infraestructura resiliente, supervisión técnica y gestión del riesgo. La reconstrucción puede convertirse además en una oportunidad para modernizar activos existentes y elevar los estándares de seguridad.

El terremoto deja también una lección sobre la importancia de mantener actualizados los protocolos de emergencia y los sistemas de respuesta. La infraestructura crítica debe contar con estrategias que permitan recuperar rápidamente sus funciones después de un evento extremo, reduciendo el impacto sobre hospitales, servicios básicos, transporte y actividades económicas.

Colombia enfrenta ahora el desafío de convertir la experiencia del sismo en una estrategia de largo plazo. La reconstrucción de las zonas afectadas deberá combinar recuperación de infraestructura, fortalecimiento de las edificaciones existentes y nuevas inversiones orientadas a mejorar la resiliencia urbana.

El evento demuestra que la seguridad estructural y la resiliencia deben ocupar un lugar central en el desarrollo de la infraestructura colombiana. Para el sector construcción, la principal lección no es únicamente construir edificios capaces de mantenerse en pie, sino desarrollar ciudades e instalaciones que puedan resistir, recuperarse y continuar funcionando frente al próximo gran sismo.

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