El incremento en la frecuencia e intensidad de las marejadas está generando nuevos desafíos para la infraestructura costera, obligando a replantear los criterios de diseño, construcción y mantenimiento de puertos, terminales marítimos, paseos costeros, defensas litorales y otras obras ubicadas en el borde costero. Especialistas advierten que estos eventos ya no pueden considerarse fenómenos excepcionales, sino una condición permanente que debe incorporarse en la planificación de futuras inversiones.
Chile posee más de 4.000 kilómetros de litoral, donde se concentra una importante infraestructura estratégica vinculada al transporte marítimo, la actividad portuaria, la minería, la pesca, el turismo y el desarrollo urbano. La exposición constante a oleajes de gran energía incrementa el riesgo de daños estructurales, interrupciones operacionales y mayores costos de mantenimiento si las obras no consideran escenarios climáticos más exigentes.
Las marejadas recientes han evidenciado que numerosas estructuras fueron diseñadas bajo condiciones oceanográficas distintas a las actuales. El aumento de la energía del oleaje y la mayor recurrencia de estos eventos hacen necesario actualizar los parámetros de ingeniería utilizados en el diseño de muelles, rompeolas, defensas costeras y otras obras marítimas, incorporando criterios de resiliencia frente al cambio climático.
Los especialistas destacan que la protección de la infraestructura costera no depende únicamente de construir barreras más robustas. También resulta fundamental realizar una adecuada planificación territorial, identificar zonas de mayor vulnerabilidad, desarrollar monitoreo permanente del comportamiento del litoral y aplicar soluciones que integren infraestructura gris con medidas basadas en la naturaleza cuando las condiciones lo permitan.
La implementación de programas de mantenimiento preventivo constituye otro elemento clave para prolongar la vida útil de las estructuras. Inspecciones periódicas, monitoreo de procesos de erosión, evaluación del comportamiento de los materiales y reparación oportuna de daños permiten reducir el riesgo de fallas mayores y disminuir los costos asociados a intervenciones de emergencia.
Las nuevas tecnologías también están adquiriendo un papel cada vez más relevante en la gestión del riesgo costero. Modelos numéricos de oleaje, sistemas de monitoreo en tiempo real, sensores estructurales y herramientas de simulación permiten anticipar el comportamiento de las marejadas y apoyar la toma de decisiones para proteger tanto la infraestructura como las comunidades ubicadas en el borde costero.
La adaptación al cambio climático representa uno de los principales desafíos para la ingeniería marítima durante las próximas décadas. La planificación de nuevas inversiones deberá considerar escenarios de mayor exposición a fenómenos extremos, elevación del nivel del mar y cambios en la dinámica costera, garantizando que las obras mantengan condiciones adecuadas de seguridad y continuidad operacional.
En este contexto, la colaboración entre organismos públicos, centros de investigación, universidades y empresas resulta fundamental para desarrollar soluciones innovadoras que permitan fortalecer la resiliencia de la infraestructura costera y proteger activos estratégicos para el desarrollo económico del país.
El fortalecimiento de los criterios de diseño, la incorporación de nuevas tecnologías y una gestión preventiva del riesgo permitirán enfrentar de mejor manera los efectos de las marejadas sobre el litoral. Adaptar la infraestructura a estas nuevas condiciones será esencial para garantizar la seguridad de las personas, la continuidad de las operaciones y la sostenibilidad de las inversiones en las zonas costeras.



