El Cusco mantiene más de S/12 mil millones en obras de inversión paralizadas, una situación que evidencia las dificultades que enfrenta el sur del Perú para transformar los recursos disponibles en infraestructura y servicios para la población. El diagnóstico fue analizado en un espacio de discusión económica que reunió a representantes del Instituto Peruano de Economía (IPE) y del Instituto Cusqueño de Economía (INCUSE).
Uno de los principales factores identificados es la falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno. Las dificultades para articular a las autoridades regionales, municipales y nacionales terminan retrasando proyectos que cuentan con presupuesto y demanda, pero que no logran avanzar hacia sus etapas de ejecución.
Los especialistas también destacaron la necesidad de establecer una agenda mínima de desarrollo para las regiones del sur, que permita definir prioridades comunes y orientar los recursos hacia proyectos capaces de generar un mayor impacto económico y social. La ausencia de una estrategia articulada limita la capacidad de las regiones para aprovechar oportunidades de inversión y cerrar sus brechas de infraestructura.
La problemática no se limita al Cusco. Durante el análisis también se abordaron casos de infraestructura en Arequipa y otras regiones del sur, donde iniciativas que podrían ser financiadas o ejecutadas con participación privada han enfrentado obstáculos relacionados con la gestión y la coordinación dentro del Estado. Un ejemplo mencionado fue una propuesta para mejorar la conexión entre Arequipa y Matarani, que no logró avanzar pese al interés del sector privado.
El retraso de las obras tiene efectos directos sobre la competitividad regional, ya que limita la mejora de carreteras, servicios públicos, infraestructura productiva y conectividad. Para sectores como minería, turismo, construcción, comercio y agroindustria, contar con infraestructura adecuada resulta fundamental para reducir costos, mejorar la productividad y facilitar el acceso a mercados.
La paralización de proyectos también representa un costo de oportunidad para la industria de la construcción. La activación de estas inversiones permitiría generar demanda de ingeniería, maquinaria, materiales, supervisión, servicios especializados y mano de obra, además de dinamizar las economías locales durante las etapas de ejecución.
Los especialistas plantearon que mejorar la capacidad de gestión pública debe convertirse en una prioridad para las regiones del sur. Esto implica fortalecer la planificación, agilizar la toma de decisiones, mejorar la coordinación intergubernamental y establecer mecanismos que permitan identificar y resolver oportunamente los problemas que mantienen detenidas las inversiones.
La infraestructura constituye además una herramienta estratégica para aprovechar el potencial económico del sur peruano. La región cuenta con importantes recursos mineros, atractivos turísticos, actividad agroindustrial y corredores logísticos que podrían generar mayores oportunidades de inversión si se acompañan de infraestructura moderna y servicios públicos adecuados.
Con más de S/12 mil millones comprometidos en obras paralizadas, el desafío para Cusco y las demás regiones del sur no radica únicamente en disponer de recursos, sino en desarrollar las capacidades necesarias para convertirlos en proyectos ejecutados y servicios concretos para la población. La mejora de la gestión y la articulación entre el Estado y el sector privado serán determinantes para destrabar inversiones y acelerar el desarrollo regional.


