Contenido regional redefine la manufactura: 74% del valor de exportaciones mexicanas proviene de Norteamérica

La estructura productiva de México dentro del comercio con Estados Unidos responde a un modelo de integración regional más que a un esquema tradicional de exportación, de acuerdo con un análisis compartido por César Martínez, director general de Tensec México.

El directivo señaló que el 73.7% del valor de los bienes manufacturados que México exporta a Estados Unidos proviene de Norteamérica, lo que refleja un sistema de coproducción en el que participan los tres países de la región.

Este nivel de contenido regional implica que gran parte de los productos ensamblados en México incorporan insumos, tecnología y procesos desarrollados en Estados Unidos y Canadá. Ejemplos de esta integración incluyen dispositivos médicos ensamblados en Tijuana con polímeros estadounidenses y sensores canadienses; arneses automotrices producidos en Ciudad Juárez con cobre y maquinaria de origen estadounidense; así como componentes aeroespaciales terminados en Sonora bajo estándares regulatorios de Estados Unidos.

“El producto cruza la frontera una vez, pero el valor se construye a lo largo de múltiples ciclos productivos en los tres países”, explicó Martínez.

El planteamiento contrasta con la narrativa comercial que considera el intercambio entre México y Estados Unidos como un flujo bilateral. Bajo esta lógica, los bienes que se exportan desde México no representan únicamente producción nacional, sino una extensión de las cadenas de suministro norteamericanas.

El análisis también advierte implicaciones en materia de política comercial. La imposición de aranceles a productos importados desde México puede impactar directamente insumos, diseño y cadenas de suministro vinculadas a Estados Unidos, debido al alto contenido regional integrado en estos bienes.

Otro indicador que refuerza esta dinámica es el nivel de exportaciones estadounidenses hacia México, que promedian 2,600 dólares per cápita al año, el nivel más alto registrado hacia cualquier socio comercial. Este flujo incluye maquinaria, componentes industriales, software y energía utilizados en procesos productivos dentro del país.

Este modelo modifica la forma en que se evalúan las operaciones en México. Las compañías comienzan a considerar sus instalaciones no como manufactura offshore, sino como una extensión del sistema productivo de Norteamérica, lo que incide en decisiones relacionadas con localización, desarrollo de proveedores, cumplimiento normativo e inversión de largo plazo.

El planteamiento sugiere que la competitividad regional depende de la capacidad de integrar procesos productivos entre países, más que de la sustitución de capacidades industriales. En este sentido, la manufactura en México se posiciona como una etapa dentro de una cadena de valor compartida que inicia en Estados Unidos, se desarrolla en territorio mexicano y regresa al mercado norteamericano como producto terminado.

También podría interesarte: