El sector construcción peruano podría cerrar 2026 con un crecimiento cercano al 10%, impulsado principalmente por la inversión privada, el dinamismo inmobiliario y el avance de proyectos de infraestructura. Sin embargo, las proyecciones para 2027 anticipan una desaceleración durante el primer semestre debido al impacto potencial del Fenómeno El Niño (FEN), la transición de autoridades regionales y municipales y las dificultades que enfrenta el Estado para ejecutar obras públicas.
Según las estimaciones de Macroconsult, el crecimiento de 2026 estaría respaldado por un primer semestre especialmente favorable. No obstante, la consultora prevé que las interrupciones asociadas al fenómeno climático podrían afectar el ritmo de ejecución de los proyectos hacia finales de este año y durante los primeros meses de 2027. La recuperación de la actividad podría comenzar entre mayo y junio, con una mejora más marcada durante la segunda mitad del próximo año.
El sector registra un crecimiento destacado en 2026
El Informe Económico de la Construcción de la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) estima que la actividad habría aumentado 10,6% entre enero y agosto de 2026, frente al mismo periodo del año anterior. La proyección combina los resultados oficiales disponibles del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) con estimaciones del gremio para agosto.
Durante esos ocho meses, Capeco calcula un incremento de 11,7% en el consumo de cemento y de 8,3% en el avance de obras públicas. Estos resultados reflejan una recuperación importante de la actividad constructora, aunque el desempeño de los siguientes meses dependerá de la continuidad de las inversiones y de las condiciones climáticas.
La Sociedad Nacional de Construcción e Infraestructura (SNCI) también mantiene una perspectiva positiva para el cierre de 2026, aunque advierte que la incertidumbre por el Fenómeno El Niño podría moderar el crecimiento. En ese escenario, las obras que ya cuentan con financiamiento, contratos vigentes, permisos aprobados y terrenos disponibles tendrían mejores posibilidades de mantener su ejecución.
Inversión privada sostendría el crecimiento en 2027
A pesar de los riesgos climáticos, la inversión privada seguiría siendo uno de los principales motores de la construcción peruana durante 2027. Entre las iniciativas que podrían impulsar la actividad destacan proyectos mineros como Tía María, la optimización de Cerro Verde y Pampa de Pongo, además de ampliaciones y reposiciones en operaciones existentes.
También se prevé movimiento en infraestructura eléctrica, edificaciones, proyectos inmobiliarios y autoconstrucción. La continuidad de estas inversiones será importante para compensar parcialmente la desaceleración que podría producirse en los primeros meses del año.
Cosapi, por ejemplo, proyecta cerrar 2026 con ventas cercanas a S/1.180 millones en sus operaciones de ingeniería y construcción. La empresa espera que la demanda de obras de gran escala continúe apoyada en la minería y la infraestructura, con nuevas adjudicaciones previstas para la segunda mitad de 2027.
Sin embargo, los proyectos que todavía se encuentran en etapa de estudios, estructuración financiera, liberación de terrenos o contratación podrían experimentar retrasos. La disponibilidad de financiamiento y la capacidad de las entidades públicas para avanzar con los procedimientos necesarios serán factores determinantes.
El Fenómeno El Niño amenaza el ritmo de las obras
Macroconsult incorpora en sus proyecciones un evento climático de fuerte intensidad hacia finales de 2026 y durante el primer trimestre de 2027, cuyos efectos podrían extenderse hasta el cierre del primer semestre. Las lluvias intensas, inundaciones y afectaciones en las vías podrían interrumpir trabajos, dificultar el transporte de materiales y aumentar los costos de ejecución.
El impacto no sería uniforme en todo el país. Las zonas de la costa norte podrían enfrentar mayores riesgos, tanto por las posibles interrupciones de las obras como por la necesidad de destinar recursos a la atención de emergencias y la recuperación de infraestructura dañada.
Las intervenciones de prevención y una eventual reconstrucción podrían generar demanda adicional para el sector durante la segunda mitad del año. Sin embargo, este efecto dependerá de la capacidad del Estado para ejecutar los recursos y poner en marcha las obras oportunamente.
En ese contexto, la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) requiere recursos para intervenciones que incluyen defensas ribereñas, sistemas de alerta temprana y drenaje pluvial urbano. El financiamiento disponible y la ejecución presupuestal serán fundamentales para determinar el alcance de estos trabajos preventivos.
El mercado inmobiliario mantiene perspectivas favorables
El segmento inmobiliario también contribuiría a sostener la actividad constructora. Empresas como Edifica prevén continuar con la compra de terrenos y el lanzamiento de nuevos proyectos residenciales, especialmente en zonas de Lima con demanda consolidada.
La evolución del mercado dependerá de las condiciones de financiamiento, la capacidad de compra de los hogares y las diferencias entre segmentos inmobiliarios. Las viviendas dirigidas a compradores con mayor disponibilidad de recursos podrían mostrar una mayor resistencia a las variaciones del crédito, mientras que la vivienda social enfrenta riesgos relacionados con la disponibilidad de subsidios y recursos públicos.
Además, el posible impacto del Fenómeno El Niño podría postergar el inicio de algunos proyectos en la costa norte. En contrapartida, la reposición de viviendas que resulten afectadas podría generar nuevas oportunidades de construcción durante la segunda mitad de 2027.
Ejecución pública, uno de los principales desafíos
Aunque la inversión pública registró un avance durante los primeros ocho meses de 2026, Capeco advierte que todavía existe una brecha importante entre los recursos presupuestados y los efectivamente ejecutados. El cambio de autoridades regionales y locales previsto para 2027 también podría ralentizar la puesta en marcha de nuevas iniciativas, especialmente durante los primeros meses de gestión.
Por ello, las perspectivas de crecimiento dependerán no solo de la disponibilidad de recursos, sino también de la capacidad institucional para convertirlos en obras concretas. La planificación anticipada, la continuidad de los proyectos en ejecución y la coordinación entre el Gobierno nacional y las autoridades subnacionales serán esenciales para reducir los retrasos.
En conjunto, las proyecciones apuntan a un cierre positivo para la construcción peruana en 2026, seguido de un primer semestre de 2027 más desafiante. Aunque la inversión privada y los proyectos mineros e inmobiliarios podrían mantener la demanda, el impacto climático y las limitaciones de ejecución pública determinarán la intensidad de la desaceleración y la velocidad de recuperación del sector.



