El pasado jueves se conmemoró en México el Día del Minero, una fecha dedicada a reconocer el esfuerzo y la contribución de miles de trabajadores que, desde las profundidades de la tierra, extraen los minerales que impulsan al país.
Instituido en honor a San Benito de Nursia, patrono de los mineros, este día rinde homenaje al valor y la tenacidad de quienes laboran en una de las industrias más antiguas y estratégicas de México.
La minería representa una fuente clave de empleo, inversión y desarrollo regional. En 2024, el sector generó más de 417 mil empleos directos y casi 2.5 millones indirectos, de acuerdo con datos de la Cámara Minera de México (Camimex). Además, aportó cerca del 2.5% al Producto Interno Bruto nacional, con un papel fundamental en estados como Sonora, Zacatecas, Chihuahua, Durango y Guerrero.
Durante esta jornada, empresas mineras en todo el país realizan actos conmemorativos, reconocimientos al personal y actividades recreativas en sus comunidades. Algunos sindicatos y agrupaciones gremiales también aprovechan la ocasión para reafirmar sus compromisos con la seguridad laboral y el bienestar de los trabajadores.
El Día del Minero también invita a reflexionar sobre las condiciones laborales en el sector. Aunque se han logrado avances importantes, persisten desafíos en materia de seguridad industrial, equidad de género y formalización del trabajo minero en regiones más rezagadas.
En este contexto, tanto autoridades como empresas han reforzado campañas de capacitación, protocolos de seguridad y diálogo social con las comunidades. La implementación de tecnologías limpias y el uso eficiente de recursos también ocupan un lugar central en las políticas corporativas actuales.
La minería mexicana avanza con pasos firmes hacia un modelo más moderno, inclusivo y sostenible. En este 11 de julio, la nación vuelve la mirada a los cimientos de su tierra y saluda con respeto a quienes, día con día, la hacen prosperar desde abajo.