Ikigai en México: cómo las pymes pueden crecer con propósito y estrategia

En un evento, muchas veces lo más valioso no está en el escenario, sino en las conversaciones, en las conexiones y en esos espacios donde las ideas realmente empiezan a tomar forma. Así se vivió Café UANL con Japón dentro de incMTY 2026, una jornada de networking que reunió a estudiantes, emprendedores y pymes en un entorno pensado para dialogar.

Con aliados presentes, las pequeñas y medianas empresas no solo escucharon sobre oportunidades; pudieron acercarse, preguntar y empezar a desarrollarlas. En ese mismo ambiente, el panel Ikigai, filosofía japonesa como forma de vida, abrió una conversación más profunda: cómo llevar el propósito al centro del negocio.

 

Ikigai: cómo aplicar la filosofía japonesa en las empresas

El Ikigai, entendido como la razón de ser, se planteó como una herramienta práctica para definir rumbo, tomar decisiones y construir organizaciones con mayor claridad. En ese cruce entre propósito y empresa, surgió una idea constante: cuando una organización tiene claro qué hace y por qué lo hace, no solo se diferencia, también crece con mayor consistencia.

El panel estuvo integrado por José Luis Tobías, presidente de Association for Overseas Technical Cooperation and Sustainable Partnerships (AOTS Monterrey); Mario del Valle, presidente de la Asociación de Exbecarios de México en Japón (ASEMEJA); y Takashi Kawano, de la Cámara Japonesa de Comercio e Industria de México, A.C. Fue moderado por Shinji Hirai, de la Asociación México Japonesa, A.C.

 

Especialización y propósito: claves para construir empresas sólidas

Más allá de su origen filosófico, la discusión se centró en su aplicación práctica dentro de las empresas, particularmente en la definición de la identidad organizacional y en la alineación entre propósito y modelo de negocio.

José Luis Tobías recordó su experiencia con una empresa del sector energético que le dejó una gran lección: apostar por la especialización como estrategia. “Nosotros no seguimos tendencias, las creamos. Somos especialistas en lo que hacemos y es por ahí por donde vamos a seguir. No copiamos”, dijo. Esa claridad, aseguró, permite construir una identidad organizacional sólida y alinear decisiones en todos los niveles, desde la operación hasta la innovación.

La conversación también puso sobre la mesa el concepto de monozukuri, una visión japonesa que plantea que, antes de producir, es fundamental formar personas. Desde esta perspectiva, el desarrollo del talento no es un complemento, sino parte central del negocio.

Cuando una empresa impulsa el crecimiento de sus colaboradores, el propósito individual puede alinearse con los objetivos organizacionales, lo que genera equipos más comprometidos y mejores resultados.

A esto se suma el sanpo yoshi, un modelo que amplía la lógica del “ganar-ganar” hacia un “ganar-ganar-ganar”: empresa, cliente y sociedad.

El ejemplo es claro: ofrecer un buen producto a buen precio genera valor, pero hacerlo desde lo local, generar empleo y fortalecer la economía completa el tercer “ganar”. Ese enfoque permite construir empresas no solo rentables, sino también sostenibles en el tiempo.

No es casualidad que muchas compañías japonesas logren mantenerse vigentes durante décadas o incluso siglos; su crecimiento está ligado a un impacto que va más allá del negocio.

También se reconoció que en nuestro país existe una base sólida de creatividad y pasión. El reto está en encauzar ese potencial hacia un propósito claro.

“Lo importante es definir qué quieres hacer y hacerlo con pasión, con energía y con claridad”, afirmó Mario del Valle.

Más allá de los conceptos, la conversación dejó una idea clara: cuando el propósito se integra en la cultura, en el liderazgo y en las decisiones del día a día, deja de ser discurso y se convierte en una ventaja real para las pymes.

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