Los términos de intercambio —la relación entre precios de exportación e importación— se perfilan como uno de los principales motores económicos del Perú en 2026. El Banco Central de Reserva del Perú estima que este indicador alcanzará su nivel más alto histórico, impulsado principalmente por el buen desempeño de los metales, en especial el cobre y el oro.
Según las proyecciones del BCRP, el cobre subiría a US$ 5.55 por libra, superando los US$ 4.51 registrados en 2025, mientras que el oro alcanzaría los US$ 4,702 por onza frente a los US$ 3,442 del año anterior. Este contexto favorece al país no solo por mayores ingresos de exportación, sino también por el incremento en la recaudación fiscal proveniente de la actividad minera.
Pese a este entorno positivo de precios, el Perú aún enfrenta retos para dinamizar su sector minero. Actualmente, la cartera de inversión incluye 68 proyectos valorizados en más de US$ 63,000 millones, con una fuerte concentración en cobre y oro. Sin embargo, el avance de estas iniciativas no siempre es ágil, lo que limita el aprovechamiento del ciclo favorable de los commodities.
A este escenario se suma una preocupación creciente: la pérdida de competitividad del país como destino de inversión minera. Informes recientes indican que otras jurisdicciones en la región han ganado terreno, mientras que el Perú enfrenta cuestionamientos sobre su marco regulatorio y la previsibilidad de sus políticas.
El debate se intensificó tras la reciente decisión del Congreso de la República del Perú de modificar la Ley General de Minería. La Comisión de Energía y Minas aprobó cambios que incluyen mayores beneficios obligatorios para comunidades y sanciones a concesiones que no produzcan dentro de ciertos plazos, lo que ha generado inquietud en el sector.
Frente a este contexto, Julio Velarde fue enfático al señalar que estas medidas afectan la inversión minera. Durante la presentación del Reporte de Inflación de marzo de 2026, advirtió que decisiones de este tipo deberían basarse en criterios técnicos y comparaciones internacionales, ya que, de lo contrario, podrían desalentar nuevos proyectos en el país.
Aun así, el panorama no es completamente adverso. El BCRP proyecta que la inversión privada crecerá 9.5% en 2026, impulsada en parte por el interés que genera el alto precio de los minerales. No obstante, este impulso podría verse comprometido si no se garantiza un entorno regulatorio claro y estable que permita transformar el potencial geológico del Perú en proyectos concretos.


