El almacenamiento energético registra un crecimiento a nivel internacional, impulsado por la expansión de energías renovables, la electrificación de procesos industriales y la necesidad de fortalecer la resiliencia de las redes eléctricas. De acuerdo con estimaciones de Mordor Intelligence, el mercado global podría alcanzar un valor de 465,000 millones de dólares en 2030.
El análisis atribuye esta expansión a la reducción en los costos de los paquetes de baterías, a incentivos regulatorios en distintos países y a la necesidad de contar con capacidad flexible ante el aumento de generación solar y eólica.
En México, el debate se centra en la velocidad y escala de integración de estos sistemas dentro del Sistema Eléctrico Nacional. El Plan de Fortalecimiento y Expansión 2025-2030 contempla la incorporación de 15,759 MW de nueva capacidad de generación con fuentes limpias y almacenamiento hacia el final de la década. De ese total, 9,359 MW corresponderían a proyectos desarrollados por la Comisión Federal de Electricidad y 6,400 MW al sector privado.
No obstante, el documento no detalla metas específicas de almacenamiento independiente a gran escala ni calendarios de despliegue diferenciados, lo que ha generado cuestionamientos sobre la claridad regulatoria en este segmento.
Almacenamiento energético industrial y reducción de costos eléctricos
Más allá de los proyectos de red, el almacenamiento detrás del medidor ha comenzado a ganar presencia en el sector industrial. Este esquema permite a las empresas almacenar energía en horarios de menor costo y utilizarla durante picos tarifarios, con el objetivo de optimizar su estructura de consumo y reducir la presión sobre la red en momentos críticos.
Empresas del sector han señalado que este tipo de soluciones puede generar reducciones relevantes en costos eléctricos y contribuir a la estabilidad operativa, especialmente en industrias que requieren suministro continuo, como cadenas de frío, manufactura especializada y servicios hospitalarios.
Alejandro Fajer, director de Operaciones de Quartux, sostuvo que el almacenamiento puede desempeñar un papel estructural en la evolución del sistema eléctrico mexicano.
“México tiene frente a sí una oportunidad estratégica para integrar el almacenamiento energético como un pilar de su sistema eléctrico. No se trata solo de adoptar tecnología, sino de construir una red más resiliente, eficiente y limpia. El almacenamiento permite estabilizar la demanda, reducir costos para la industria y acelerar la transición energética”.
Retos regulatorios y expansión del almacenamiento en México
La integración de almacenamiento plantea desafíos técnicos y regulatorios. Entre ellos se encuentran la definición de esquemas tarifarios claros, mecanismos de remuneración por servicios conexos, así como la interoperabilidad con redes inteligentes y sistemas de medición avanzada.
En paralelo, la transición energética exige inversiones en infraestructura y modernización de redes para evitar cuellos de botella en transmisión y distribución.
El almacenamiento energético, que a nivel global se consolida como complemento de las energías renovables, representa para México una herramienta potencial para mejorar la confiabilidad del suministro y optimizar costos en sectores estratégicos.



