Chris Ellison, fundador y figura central de Mineral Resources (MinRes), se resiste a dejar el timón de la compañía en uno de sus momentos más delicados. Mientras su salida, pactada desde noviembre pasado, sigue sin concretarse, el grupo minero australiano ha confirmado una pérdida neta de A$904 millones en el ejercicio fiscal, dando un giro dramático frente a las ganancias por A$125 millones del año anterior. La situación sacude al sector de recursos naturales en Australia, un país cuya economía depende en buena parte de los commodities.
La carta anual del presidente del consejo de administración, Malcolm Bundey, no eludió la gravedad del momento. Aceptó que el entorno se ha tornado “extremadamente desafiante”, marcado por investigaciones regulatorias y una evidente pérdida de confianza. La Comisión Australiana de Valores e Inversiones (ASIC) aún no ha cerrado el proceso que examina las prácticas internas de MinRes, especialmente aquellas relacionadas con su gobernanza corporativa y decisiones de inversión.
El golpe financiero se explica en gran medida por el desplome del mercado del litio, un recurso que apenas hace dos años encabezaba las listas de los metales más prometedores del futuro. Hoy, sin embargo, su precio ha caído más de 85 % desde su máximo histórico en 2022. Este ajuste brutal obligó a MinRes a realizar fuertes deterioros contables en sus operaciones de litio, particularmente en los yacimientos de Wodgina y Mount Marion, en Australia Occidental.
Ellison, quien construyó a MinRes como una empresa de servicios mineros que luego evolucionó hacia la producción de litio y hierro, admitió que subestimaron la magnitud de la caída en los precios. Reconoció también que las proyecciones del grupo fueron excesivamente optimistas. La deuda neta, por su parte, alcanzó los A$5.300 millones, dejando a la compañía en una posición financiera vulnerable y empujando al directorio a buscar alternativas urgentes.
Una de esas posibles salidas es la venta de activos. Si bien Bundey asegura que la empresa no considera una emisión de capital como primera opción, sí ha comenzado a evaluar la desinversión en minas clave. Las operaciones de litio podrían convertirse en moneda de cambio para estabilizar las finanzas. En este contexto, las minas de Bald Hill, Wodgina y Mount Marion están bajo revisión, aunque la empresa no ha hecho declaraciones definitivas sobre su futuro.
A pesar de este sombrío panorama, algunos focos de esperanza comienzan a asomarse. El proyecto Onslow Iron, que MinRes desarrolla con Hancock Prospecting y Baowu, ha comenzado a operar con una capacidad anualizada de 35 millones de toneladas. Si mantiene esa producción hasta junio de 2026, el grupo podrá acceder a un pago de US$200 millones, lo cual representaría un alivio significativo para sus finanzas. Este proyecto, además, marca el ingreso de la compañía a una nueva etapa, basada en la integración logística y la exportación directa desde su propia infraestructura portuaria en Ashburton North.
El mercado bursátil ha reaccionado con mesura. Aunque las acciones de MinRes cayeron un 1.5 % tras el anuncio de resultados, han logrado mantener un alza del 6.2 % en lo que va del año. Esta aparente contradicción se explica por las expectativas del mercado en torno a una posible reestructuración eficaz y a la resiliencia del sector minero australiano frente a ciclos adversos. También juega un papel la especulación en torno a una posible recuperación parcial de los precios del litio, especialmente ante riesgos en la cadena de suministro china, que aún domina el mercado global de este mineral clave para baterías eléctricas.
En el plano interno, sin embargo, persisten las dudas. ¿Por qué la salida de Ellison se ha demorado tanto? ¿Es la falta de un sucesor natural el principal obstáculo o hay resistencias más profundas dentro de la estructura directiva? Estas preguntas siguen sin respuesta. La transición fue anunciada hace nueve meses, pero ni siquiera se ha iniciado un proceso formal de sucesión. Desde el directorio, la narrativa es que la salida debe ser “ordenada” y respetuosa de las relaciones internas. Pero para muchos analistas, el retraso mina la credibilidad del consejo y frena la posibilidad de una recuperación institucional genuina.
Las próximas semanas serán clave para determinar si MinRes logra consolidar una estrategia de contención, capaz de evitar más deterioros financieros y recuperar la confianza del mercado. El desafío no es menor: deberá reordenar sus finanzas, repensar su exposición al litio y definir con claridad quién guiará el futuro de la compañía. Lo cierto es que, en un sector donde los cambios tecnológicos y las exigencias ambientales aumentan cada año, la falta de rumbo puede convertirse en el mayor riesgo de todos.